
Si hay un paso que define al skincare coreano, es la doble limpieza. No se trata de lavarse la cara dos veces por obsesión, sino de entender que la piel acumula dos tipos de suciedad muy distintas a lo largo del día: la que se disuelve en aceite (protector solar, maquillaje, sebo) y la que se disuelve en agua (sudor, polvo, contaminación).
El primer paso es un limpiador oleoso —puede ser un bálsamo o un aceite— que se masajea sobre la piel seca. Al emulsionarse con agua tibia, arrastra todo lo que un limpiador espumoso jamás podría quitar por sí solo. Después viene el segundo paso: un limpiador suave, idealmente de pH bajo, que termina de dejar la piel fresca sin resecarla.
La primera semana notarás la diferencia sobre todo en la textura. La segunda semana, en los poros. Y después de un mes, cuando pruebes saltarte el paso “solo por hoy”, tu propia piel te va a reclamar.
